domingo, 6 de noviembre de 2016

La isla ensimismada

Anoche estuve en un concierto; me invitó Miguel Vallés: fué magnífico, y divertido. Son músicos de orquesta: metal, con lo cual la calidad musical va de serie; pero ellos, fuera del rigor orquestal, han montado este concierto en el cual, con una secuencia narrativa articulada sólo musicalmente, relacionan el avatar de cinco náufragos y sus cuitas. Muy bien planteado el esquema narrativo: actúan desde el escenario, para el público, con lo cual la secuencia visual es plana y bien definida, y en ello su formación clásica: actúan desde el escenario al público, y eso hace divertido el espectáculo. Hay bailes de Pastora Galván que, concebidos así, al ser filmados por diversas cámaras, desde diversos ángulos desvirtúan el baile, que está pensado para ser visto desde frente hacia el escenario: ahora todo eso ella lo va cambiando; Israel Galván baila en tres dimensiones y así lo concibe.

Frente al concierto clásico: Paco de Lucía, con su formación tocando su obra, ellos escenifican una narrativa secuencial con la música mediante la cual no convierten la música en espectáculo, sino que hacen una diversión nada orquestal de la música, es un concierto no canónico, es un concierto magnífico.

Lo he disfrutado, y haré por volver a verlo, o a verlos: la cualidad de las actuaciones en directo (y así viene sucediendo desde el jazz, y así se puede entender que no he escuchado dos versiones iguales de Entre dos aguas) es que nunca dos son iguales, y eso da riqueza y placer al espectador, enriquece la obra que crece a la vez que es mostrada al público.

Ventajas de ser de pueblo: de aquí son los mejores músicos del mundo, y muchos de ellos a veces se muestran, y me confortan con mi pueblo, tan degradado, tan alienado: pero donde hay talento no se puede esconder, y puedo gozarlo más cómodamente que otros espectáculos; pero la gente no valora la calidad si no es Broadway, Hollywood, o es magnificado por la tv y la propaganda; se percibe su diversión al ejecutar el concierto, y se disfruta con placidez sosegada: el que pueda, que vaya a verlo, ser de Buñol a veces tiene cosas buenas.

No puedo más que agradecer a Miguel el haberme invitado; no puedo sino recomendar que vayáis a verlo; desconozco si tienen grabaciones, pero me haré con ellas si las hubiere, sin duda.

La isla ensimismada.