lunes, 21 de noviembre de 2016

Certidumbre

La única certidumbre es el principio de incertidumbre. Heisenberg formula que para analizar un sistema, nunca se puede hacer desde dentro del mismo sistema; el único análisis válido hoy pues es de todo aquel que ande fuera del sistema: sea por voluntad, sea debajo de un puente, sea por hartazgo o por conciencia: sólo valen esos análisis.

Cansan las justificaciones acerca del fracaso del sistema por gente apesebrada al sistema en cualquiera de sus variantes, que formulan y difunden en los medios del sistema, porque el sistema sólo se justifica ya en sí mismo.

Cansan: el catedrático del partido que medró en la administración, escribiendo en la prensa justificando al sistema con análisis delirantes sobre la victoria de Trump muy trufado de referencias a Roma cogidas de ésta Galaxia y de otros blogs; cansan, los beneficiados por el sistema en sus estudios del clima cambiático propagando a diestro y siniestro el fin del mundo inmediatamente, si no hacemos caso a sus apesebradas doctrinas, becadas, financiadas, y en muchos casos el sostén de su vida: el desarrollo sostenible es todo aquello que sirve para desarrollar y sostener las cuentas corrientes de los que hablan del desarrollo sostenible.

El sistema ha muerto, y muere matando; en su propia entropía genera el hartazgo de la gente –que casualmente, no están apesebrados- y votan a Trump, en el hastío y aburrimiento que produce la corrección política, vómito de la bestia; y votan contra el acuerdo de las FARC que quieren imponer a toda costa, porque no quieren rendirse, quieren defenderse, y vencer; y votan la salida de la unión Europea, nido de apesebrados y únicamente repositorio de esquistos del sistema, y lugar de recepción de órdenes, consignas, y mantras de obligado cumplimiento: y más que veremos, porque lo que trasluce todo es un fondo de esencia puramente anarquista, a lo cual no harán ascos los tradicionalistas: la gente quiere a su nación, no quieren estado, en ninguna de sus formas, que todas dan de sí la sumisión al dogma de los tiempos imperante que siempre halla acomodo en la burocracia, que lo magnifica, justifica e  impone, y si algo sabe la burocracia –toda- es causar problemas, nunca solucionarlos; montar follón y desmontar todo aquello que funcione bien.

La gente quiere a su nación, no quieren estado, en ninguna de sus formas, y deplora la burocracia. En la superstición de la democracia se ha alojado toda forma de condicionamiento de la realidad a los deseos de una minoría que se saben en posesión de la verdad e imponen su primacía: se saben mejores, y todos debemos vivir conforme dictan, porque ellos saben la verdad de todo.

Pero el sistema ha muerto, muere matando, y debemos ser conscientes de ello para poder llevar adelante nuestras vidas, las de cada uno; no justificar burócratas, holgazanes, zafiedad política y vulgaridad institucional.