viernes, 11 de noviembre de 2016

Asombros cotidianos.

Para Escohotado esta era empieza con Bismarck; para los católicos el horror comienza con el concilio Vaticano II (y primero de herejía) para los historiadores de izquierda es la evolución natural de la segunda revolución industrial; para los más sabihondos, de la Revolución francesa; para mí el problema se evidenció en Trento, y viene de la noche de los tiempos: lo que ahora está en juego son las mismas monedas que cobró Judas.

La parte divertida de las elecciones en USA han sido como han puesto en evidencia a todos los popes, gurús, sabios autoproclamados, y tertulianos en general, y por extensión sus seguidores: se refugian en sus endogamias para mantener sus prebendas y privilegios, siendo sumamente despectivos con el resto de gente, en todo, en absolutamente todo: la sabiduría sólo lo es si la reconozco, y si la reconozco, es porque está en mi circulo endogámico, ergo: la sabiduría soy yo.

Y los mismos que no han acertado ni una, ahora vaticinan como será la política de Trump.

Y el sistema de partidos, sindicatos, ongs y todo tipo de organizaciones funcionan de la misma manera endogámica perversa: sólo vale si es validado por los dogmas sectarios que nos definen y condicionan.

Si la realidad no coincide con mis deseos, la realidad está equivocada.

Y se actúa conforme si las cosas fuesen como se desea que fuesen, y si cuela, cuela: así llevamos desde los sesenta, que es cuando cambia la cosa, con la apertura del turismo, “progresando” en un magma ´

de números sin fondo

y ciencia sin raíces.

El que se crea algo del sistema, es porque quiere creerlo, nada más: la prensa, toda, ha demostrado ser unos buenos servidores de su amo; pero intelectualmente, vendedores de crecepelo de una caravana del oeste; excepción honrosa de Carlos Esteban, la información de verdad y el conocimiento sobre lo que pasa hoy día va por tuiter y facebook.

Los análisis siguen en la blogosfera, de donde ya ni se esconden para copiar: no citan, somos poco para ellos, se apropian de ideas y razonamientos impúdicamente, del mismo modo que hacen todo: bazofia.

Y a los que se asombran de que “alguien” haya votado a Trump, le diré que los conoce: personalmente; a poco que salga de su burbuja y mire a su alrededor: a los de la barra de las seis de la mañana, acogotados por el trabajo y con esperanzas nimias, los que lo tienen; gente de dieciséis horas diarias sin ninguna protesta sindical por ello; los que de Buñol trabajan que han de irse a otro pueblo a hacerlo, cuando pueden, que ya el trabajo escasea y mucho; los maltratados por el sistema sanitario, encima con chulería y despectividad; la empleada de supermercado con cuatro hijos y marido en paro que se calla las órdenes de “la cadena de mando” y su opinión, porque si no no volverá a trabajar; la viuda que está asustada ante su futuro, las pensiones y el horror, que también calla su opinión ante los jefes inmediatos por miedo; los empleados de la factoría de Ford, despectivizados hasta el hundimiento, y estos, son los que trabajan: el que todos los días sale a coger hongos para venderlos; los que venden la caza; los chatarreros, la gente que está en la última palabra, esos, son los que han votado a Trump: porque en las barras, nadie habla en progriz políticamente correcto, porque nadie dice que no, pero ve las tonterías que se hacen desde todas las instancias del poder y asientan la certeza de que deben ponerse a salvo de esa gente: Trump ha hablado de manera que esa gente le ha escuchado, sin prometer futuros de sociedades perfectas sino de inmediatos consecuentes, y de poder llevar vidas dignas acordes a su propia concepción de la vida, no a un esquema de como se ha de vivir que ha establecido el politburó del Nuevo Orden mundial y que sólo los pazguatos acatan.

Demasiados sabios de la nada que no saben mirar a su alrededor; y de todo tienen acertada opinión.

Y es obsesivo el uso de adjetivos en las cadenas de radio ya como mantras, que han perdido su sentido: “ultraderecha” “homofobo” “machista” “xenofobo” y todo aquello que no conviene es una fobia, de hecho pretenden legislar contra el odio: así lo han dicho. No computan su odio, sólo el que saben que generan; se consideran almas puras y sólo son albañales de impudicia: Trump ha demostrado la vacuidad de la corrección política, del discurso oficial más o menos calcado con el mismo lengüaje para todo y todos; nadie habla así, nadie piensa así, y desde los despachos de las ciudades no se ven los problemas, no ven más que a los mendigos, si los ven, no ven los problemas de los trabajos y los días de la gente, que está más que harta de ser culpabilizada y de que le prometan paraísos futuros a cambio del voto, y a cambio del hambre.

Empiezan a ser evidentes los estertores del sistema que muere, y muere matando.