domingo, 27 de abril de 2014

Un orden para todos, una mujer de ojos verdes

Paco de Lucía tocando ojos verdes prodiga sabiduría, teología, conocimiento, que a gusto lo oigo, cuanto lo echo de menos. Y sólo soy un seguidor, un oyente.
Cuenta Borges de un primoroso erudito y sabio que encuentra una tribu en un salvajismo mudo y decide convivir con ellos para llevarlos al buen camino: en su mutismo, se hacen comprender, y el erudito sabio acaba dándose cuenta de que ahí están todos sus adorados: Aristóteles, Platón…. quería convertirlos a la sabiduría, y el ignorante era él.
El ignorante era él: esta certeza que evidencia en su totalidad el efecto Dunning-Kruger es la máxima social imperante. Todos se consideran tan sabios como para imponer su norma, pocos se dan cuenta de su propia ignorancia, menos aún lo reconocen y humillados vuelven a aprender: todos quieren imponer la sociedad perfecta a todos los demás, y en esa rebuznancia tenemos la redundancia de la ignorancia persistente en las estructuras que hoy padecemos, que no vivimos, ni mucho menos disfrutamos, de la sociedad hoy día: la padecemos. USA quiere imponer “la democracia” en el mundo porque somos todos pueblos retrasados, y ellos son los avanzados. Un pueblo así, tienen dinero, humildad a capazos: la tienen toda, no han usado nada de ella, la tienen impoluta.
Y en algún momento todos picamos, en alguna de todas esas trampas, y ya la realidad nos libera de eso: lo evolucionado es que para ser mujer te han de regalar un mantón de Manila en los toros, para ser hombre regalarlo, o ser el torero; la música viene desde el gregoriano dando orquestas y Bach, y en la misma raíz surge la evolución que da el flamenco, conforme dicta La Relación en su estudio del tiempo.
Convergen todos en el nuevo orden mundial: porque ”el progreso es así” o por la inevitabilidad de un evolucionismo trasfundido a la sociedad, por la pujanza de la globalización o por la antiglobalización: todos convergen en “la necesidad” de un nuevo orden mundial, sus únicas discrepancias son de matiz, de muy leve matiz, por magnificado y jaleado que sea.
Y todos parten subrepticiamente de la certeza de una situación sólida e irreversible, hacia un futuro hacia el cual progresan porque es “el progreso” o los más osados “la evolución” que también es irreversible e inevitable.
Dicen no creer en Dios pero creen no sólo en la inevitabilidad del destino, sino también en un destino prefijado a cuyo conocimiento han accedido –todos- por su certeza científica inevitable: y todos saben esa certeza, en un pensamiento unívoco, y ninguno considera que obedece a un dictado: “si dos personas piensan igual, hay una que piensa por las dos” enunció Mark Twain: cuanto menos cuando son todos, la mayoría, salvo excepciones muy aisladas.
Hacia el bachiller te elaboras una leyenda personal a la cual te sujetas un tiempo: sólo quien se libera de su leyenda personal es maduro; pero exige asomarse al abismo, y el abismo no es lugar fácil; de tal modo la leyenda personal configura y define tu vida: quien nunca se supera en esa etapa y no se supera a sí mismo, se estabiliza en un equilibrio inestable para toda su vida: lo mas leve es la inmadurez. Es en el bachiller donde todos llegan a un examen en el cual pese al aprobado desconocen toda la materia: la habilidad de resolución de ecuaciones de segundo grado no implica su comprensión; la admiración de un cuadro no comprende la asunción del proceso de arte: nadie en segundo de bachiller comprende a San Juan de la Cruz ni a Santa Teresa, nadie comprende el Romancero gitano, mucho menos el Poeta en Nueva York; ningún profesor sabe explicar el cubismo, el surrealismo, las supercuerdas o la historia; si alguno tienen suficiente formación sabe la materia, incluso presumamos que la entienda: el alumno no puede entenderlo, nunca a la primera, nunca sin haber tenido un recorrido en el que la vida te haya llevado al resumen, al cubismo, a la decepción, al dolor o a la abstracción.
Hay casos excepcionales: se ocultan.
No se puede entender, pero se aprueba; no se entiende pero se diviniza: de tal modo se concibe la “ciencia” si algo tiene aroma, olor o apariencia de “científico” es bueno; mézclese con la leyenda personal y empiece a ver la magnitud de la catástrofe; y ahora añada que la única certeza científica es tecnológica: cualquier mecanismo, artefacto o sistema que sea justificable es una certeza rotunda. (Escher por tanto, es obviado en todo este sistema de análisis) de tal modo la tecnología es divinizada: Marinetti denostado, sublimadas sus ideas.
No cabe en este sistema el misterio: si yo era un lector oculto, ya no digo comprender el misterio. El misterio es una verdad sencilla: hay cosas que no comprendes. Hay cosas que no comprendía, hay cosas que aún no comprendo, pero voy avanzando en mi comprensión: voy dando caza al alcance. Comprender que hay cosas que no se comprenden, es asumir el misterio de la vida. La manera de una antigüa religión que había en España -se llamaba catolicismo- era la Santísima Trinidad: es incomprensible, es obra de Dios: hay por encima de mi un ente superior al cual no entiendo, a cuya comprensión no accedo y cuyo designio es inescrutable: existe la Santísima Trinidad, yo no entiendo esto, pero dejo ahí en alguna parte del almario tal certeza que me justifica en la humildad: llego hasta donde llego, y con esfuerzo, un paso más.
Quien hace el esfuerzo.
Del mismo modo que has aprobado el examen sin saber la materia, avanzas en tu imaginario de certezas científicas fundamentadas en rigores de tecnología obviando tu manifiesta incapacidad: todos somos superhéroes en calzoncillos; no todos maduramos (de hecho, yo siempre voy por ahí con mi sable laser) y la conciencia sabe que eres “incompleto” por lo cual te insertas en sociedad, necesitas sociedad para “ser” aunque realmente lo único que haces es aparentar paseando por ahí tu leyenda personal: no eres, pareces; y pronto o tarde se te cae ese traje: ahora está de moda por el cientifismo el traje nuevo del emperador, yo, que soy único, siempre pienso en el retablo de las maravillas de Cervantes. Penrose es mucho más aburrido, realmente, y menos real, menos mágico: pero los mantras yo los he cumplido, sobradamente: sólo que yo sí he leído los libros, si me he esforzado en el entendimiento, si he pensado conforme a un criterio: todos saben la verdad menos yo.
Y voy leído y estudiado, falible y erróneo, consciente de ello y siempre buscando: quærendo invenietis, y cada cual se apañe con aquello a lo que dedica su tiempo.
Si en sociedad te justificas, necesitas la moda para estar en sociedad y no perder tu puesto, o aquel al que aspiras: por ahí la propaganda sabe muy bien dirigir los recados para que todos aspiren o deseen un status, se adecuen a una moda, actúen y vivan de una manera, y hasta sus deseos sean dirigidos: de tal modo se ha impuesto la corrección política: de ser bueno saber inglés para comprender cosas ajenas, pasó a ser necesario, y ahora, hoy, en España, alardean con vehemente orgullo de su ignorancia de su idioma y su conocimiento del inglés.
Se puede ser más idiota.
En base al cientifismo, los furibundos antiamericanos ahora reclaman –siempre vehementemente a gritos, siempre en mayorías- un sistema americano de organización nacional; en base al mismo cientifismo, se niega la historia para adecuar una historia inventada a una realidad que se nos cae a pedazos por todas partes: en el horrible pasado, historiadores con título y auditorio han proclamado que “El cid era franquista” y todas las tonterías de sublimación infantil de “los míos son los buenos de toda la vida, incluso antes” y el pasado ha de ser horrible para justificar ahora sus acciones, hechos, actitudes y esparajismos porque “no les queda más remedio” porque lo hacen por “un futuro mejor” y cada vez que sale el sol es el futuro prometido de ayer, y cada día peor. Pero siempre hay una justificación para toda metida de pata, avanzando hacia ese futuro prometido y promisorio, de tierras de promisión y vidas de deleites y placeres inmarcesibles.
Y en ese magma humanoide es donde se ha asentado la certeza de la “democracia” y el sistema campa a sus anchas: aunque desnudo como el emperador, en este retablo de las maravillas Ucrania está dejando todo en evidencia: ignoro la solución o las intenciones de Putin: mi admiración por el pueblo ruso es manifiesta; escrito tengo sobre la belleza de las mujeres de Ucrania: no es esto lo que se dilucida: el asunto está en que el sistema puesto en evidencia prefiere armar una guerra (62, modelo para armar) antes que reconocerse como fallido, aceptarse como error, anularse y dar paso a un sistema fundamentado en un pasado que con certeza sí dio evolución y conocimiento.
Yo estoy muy cerca de un ucraniano: mucho más de las ucranianas, que en el XVII la nobleza europea iba allá a buscar esposa, son bellezas legendarias: doy fe; estoy muy cerca de un norteamericano, y de un ruso: mucho más cerca de esa gente que de mi gobierno; y ellos más cerca de mi que de su gobierno: pues nada, los que mandan dicen que representan al pueblo, ente mitológico, como la esfinge.
Fundamentados conforme señalo, nadie se atreve a tomar partido en Ucrania desde fuera, nadie elige bando, porque el emperador está desnudo y hasta los más conspicuos miembros del sistema se ven en evidencia: no sabemos si “los otros” son los malos, pero hemos caído en la cuenta de que “los nuestros” los buenos, no son.
Ni el fragor de la propaganda, ni ningún circo máximo consiguen distraer ya de la realidad a nadie; las leyendas personales se han caído todas por todas partes; y el sistema tecnológico disfrazado y en evidencia se cae: se podrán imponer un tiempo pero todo por todas partes se ha caído; todo, está en evidencia. Este sistema muerto muere matando. Aunque se empeñen en un cientifismo, en un nuevo orden y una tercera vía, ya se sabe que todas esas argucias sólo son artimañas del sistema para su propia perpetuación.
Después de muerto, Paco de Lucía saca un disco y me emociona, profundamente: hay cosas inevitables, pero no lo es la estructura del estado ni la aberrante sociedad que nos quieren imponer como sea
Pero en las grietas está Dios, que acecha.

4 comentarios:

Sabine Haxhimeri dijo...

Quelle somme brillante, quel texte, articulé comme une musique aussi. Me hizo llorar y reír y al final, recobrar esperanza y fe.

Ignacio dijo...

Para eso estamos; muchas gracias.

Anónimo dijo...

No tengo palabras ante tus textos. Me han cambiado mi visión del mundo y de mi mismo. Gracias.

Ignacio dijo...

Espero que para bien; me has dejado anonadado; muchas gracias.