jueves, 23 de enero de 2014

El futuro acabó anteayer.

Fríen en una silla eléctrica al que ha preferido eso que ir a la isla-prisión; la corrección política es la religión y el ateísmo es delito: también lo es ser fumador. Son demasiado presentes los futuros que plantea Carpenter para Manhattan y Los Ángeles (Escape en nueva York/Escape en Los Ángeles) porque su prospectividad de la realidad es realmente fúnebre, triste, nefasta: todas lo son; fundamentos, hay. La versión de un mundo dominado por una moral social basada en la corrección política, la ñoñez y la cursilería sensiblera con ocultamiento de las partes “feas” de la realidad y un mundo sin un fundamento ni esperanza es también la génesis de Blade runner: acabada tu misión, estorbas, y fuera.

Porque aquí no hay mañana ni esperanza posible

Los apocalipsis imaginados son por invasión extraterrestre: que siempre son malos y perversos; o zombis: ocupan todo sin saber de dónde salen y molestan por todas partes a todo sin ninguna razón ni objeto; todos estos horrores conllevan una merma de la cantidad de gente espectacular, y de los que quedan, un rango tribal de perpetuo enfrentamiento entre ellos por la supervivencia como excusa, y no sólo narrativa; en todo hay un final de la civilización: por sumisión a la corporación plutocrática universal, Tyrrell corporation; o por invasión de cosas raras; en todos la necesidad es huir, sin saber a dónde, para qué, ni porqué.

Se asume que partimos de este momento y con lo que hay: se asume la incapacidad de arreglar nada tal y como están las cosas; se asume que vamos a la destrucción total, por exceso de crecimiento, por entropía, por estupidez: por la codicia.

Se asume la incapacidad de pararse, y reflexionar.

Se asume que la aberración monetaria que condiciona en éste momento todo en el mundo es inevitable, imparable y asoladora, y tan sólo se puede huir, o acabará en la destrucción, o ambas cosas: esa certeza es la que alumbra toda la narrativa de ciencia ficción y ficción prospectiva de la realidad: si un día no hay dinero ¿Qué hacemos? Y es cuando las vidas empiezan a cobrar sentido.

Y todos somos conscientes, y la gente está asfixiada viendo la trampa y la imposibilidad de salir de ella, esconderse, disimular o soslayarla: el dinero asfixia y condiciona de una manera atronadora todo: y sólo lo dinerario es lo que mueve al mundo, aunque engañen a las mentes más débiles con delirios de presunciones ideológicas.

Y la vida no es eso, nunca es eso, no es eso lo que importa en la vida, tan sólo es una herramienta a la que la codicia ha dado alas y la condición humana ha hecho el resto: pero preventivamente los gobernantes legislan de manera que nadie pueda llevar una vida honesta de humildad: no puedes producir tu propia energía, debes pagar por ello aunque la produzcas tu; si produces tus alimentos, sean huevos, cerdos, gallinas o huerta, debe ser o clandestino o controlado por las mismas autoridades sanitarias que certifican y condenan como saludable cualquier cosa en nombre de toda arbitrariedad; todo ha de ser controlado en tu vida, en la vida de cada uno, hasta la intimidad ha de ser controlada y certificada por la corrección política.

Se ha elaborado una realidad aberrante fundamentada en una premisa falaz: hay que progresar; se progresa hacia un futuro mejor, y dado que científicamente hemos decidido que esto es lo mejor, vayamos a ello: pero ¿Cuál es el futuro? ¿Hacia donde debemos ir? Grandes palabras, enormes proclamas, y alharacas y esparajismos por todas partes: se ha caído en la trampa de los planes quinquenales, que es la versión científica del cuento de la lechera, tan bien cantado en la transmisión oral en los cantes de ida y vuelta.

Piensa remediar la situación del hogar, que es toda su ilusión

Planes que nunca han salido y que jamás saldrán; planes elaborados en base a criterios de avance de futuros imposibles, y fundamentados en la codicia: lo importante es la bolsa y su fluctuación. Y no es predecible, tampoco, a pesar de los que la manejan: pero todo se justifica con ecuaciones de economías imposibles

De números sin fondo

En impúdico reto de ciencia sin raíces.

Pero hay que progresar “por un futuro mejor” que nunca sucede, y siempre es justificado: la propaganda condiciona toda percepción y es muy difícil encontrarse a uno mismo o ver con cierta lucidez la realidad: el sistema se ha hundido, ha muerto, y muere matando.

Que es lo que ha hecho desde que la industrialización se definió como progreso porque se podía ir en tren; no se atendió a los relatos de Dickens ni a la realidad aberrante; sólo que se progresaba. O eso dijeron, y en eso creímos: Malthus hizo sus catastrofismos del fin de la humanidad eternamente aplazados y eternamente retornantes: porque el clima cambiático es maltusianismo, todo catastrofismo tiene ahí su fundamentación final; todo el capital se dedicó a organizar movimientos y trajines que llevaban siempre a la justificación de la codicia y como método la negación del ser humano: como todo ha fallado, es que no hemos negado bien al ser humano, no es que los planes sean malos.

Y todo esfuerzo se dedica a ningunear, despreciar y anular a la persona desde su nombre: ya sea como ciudadanos, proletarios, productores, votantes o consumidores son cualquier cosa, menos personas, así anulamos de paso su vida, su avatar, y el respeto mínimo.

Y todo va asumido, menos el momento de avance de la humanidad: desde Roma que organiza el espacio y le da uso y rango a la vida humana, hasta la industrialización (que no sucedió en Roma por casualidad, que un Romano de Sagunto, rival de Trajano es evidencia de ello) es el momento en el cual la vida humana es más rica, más creativa y más plena; la propaganda hace del Medioevo algo horrible; la propaganda necesita justificar a sus amos; el mundo se hizo con rango, clase, elegancia y distinción, y lo único que cambia en ese momento es que España descubrió América y organizó el mundo: la codicia justificó todo desmán posterior, que aunque con toda la capacidad de pecado del hombre intacta, en Roma se vivía muy bien, y en la edad media. No así hoy.

¿Cuándo se truncó esto, que sí es evolución real, avance y progreso? ¿Cuándo se estropeó? La algarabía francesa no fue sino un efecto de la industrialización, pero mantengo que Trento fue el disparadero donde se certificó el perder todo oriente y luz para dar pábulo a la codicia: bajo la apariencia de teología la discusión era de lo más mundano: la codicia y el poder, la envidia a España y la necesidad de justificar ambiciones, maldad.

Queda la pregunta, falta la respuesta ¿tenemos la capacidad de pararnos, y reflexionar? ¿Podemos hacer de lo que hay una vida plena y justificada en sí misma para cada persona en su calidad? Porque somos más los hastiados del sistema que quien lo defiende, somos más los silenciosos hartos que los jaleantes propagandistas, somos más los que buscamos el ser que los que aparentan, y sin embargo, por indolencia y cansancio, la codicia sigue dominando al mundo contra las personas, contra la vida.

1 comentario:

Alphonse Marquis de Montauran dijo...

Pero el sistema tiene un arma terrible, el miedo.
Miedo al vacío, a la náusea, al frío.
Por más que el hombre que se levantó y salió de la caverna explique a los demás que en el exterior hay luz, mucha luz, y que el frío te despierta, te hacer vivir de verdad, el miedo es muy poderoso.
¿Qué será de mis hijos? ¿Qué será de mí? ¿Dónde iremos?
Y aún después itentarán adorar al becerro de oro en el desierto.