martes, 13 de agosto de 2013

Sub pontificia caniculariis

LLega la Virgen de Agosto y termina la canícula. Empieza a retirarse la luz, deriva hacia el sur y la sombra alarga; es más limpia y lúcida y el tiempo acompaña: el calor no es asfixiante, y ya se han pasado los rigores de la recogida de la cosecha: haya sido buena o mala, ya está el año cumplido, aunque quede mucha vendimia, garrofa y oliva, la almendra y las labores del invierno en atención a que llegue la primavera; pero las espigadoras de Millet ya han hecho el Ángelus con la cerviz subyugada al rigor del sol y ahora tocar parar la vida cotidiana, cumplir al Santo y a los vecinos, y festejar el año, que la canícula acaba: es la Virgen de agosto a la cual se suman todos, sobre todo a las celebraciones, lo de coger la garrofa y la oliva no, que son inteletuales de sí mismos, y saben perfectamente que es lo que han de hacer los demás, mientras saquean lo habido y lo por haber, y deciden un mundo cienticifista donde no cabe la alianza del hombre con la tierra en su trabajo y avatar, en su concepción vital y en el desarrollo de las personas en su propia vida: que nunca es feliz, que la vida tiene muchos dolores y pesares, pero es tu vida: ahora, subsumidos en la socialdemocracia liberal todo debe ser mecanizado para ser cienticifizado: esa es la excusa para la justificación del sistema esclavista y aberrante que padecemos, a todos los niveles; que no sólo los impuestos son realmente extorsión, es que da lo mismo, porque es igual, un apartamento en Los Ángeles que en Venta Gaeta, un coche en Japón que en Arcángel, un sistema de vida y muerte en cualquier parte del mundo es exactamente igual a cualquier otra, y toda peculiaridad nacional, todo rasgo local va siendo desdibujado y diluido en una charca de relativismo, uniformidad y memez cursi: lo llaman corrección política, es la peor forma de esclavitud humana. La medicina es un buen sistema de mesura: la codificación sistemática de toda patología humana lleva a grandes logros, y a aberraciones implacables: a menudo pienso que le habría pasado a García Lorca cuando escribía el Poeta en Nueva York en manos de ésta sanidad, a menudo pienso en Leopoldo María Panero; la concepción individual de la persona se ha disuelto en un sistema de concepción maquinista del ser, horrible bajo todo punto de vista, denigrante, cruel.
Da lo mismo un apartamento en cualquier parte del mundo; el sistema fiduciario garantiza la equivalencia de uso de las tarjetas de crédito, la moda garantiza que lo que llevas puesto no sea obsoleto en otra parte del mundo, con lo cual da igual donde estés, es lo mismo; entonces ¿que mas da de donde seas? la memez ahora de todo en ingles como “postureo” hace ablación del idioma para creer que la cultura, es la ignorancia: y la gente tragando, aberrante.
Molesta la antigüa religión de España, el catolicismo, que no ha sido anulada por sus enemigos, sino por los que dicen defenderla. El catolicismo es de la gente, y el vigor católico conlleva si no el anticlericalismo la extrema prevención, cosa que perdida, ha entregado a la gente mas blanda de concepción a un clericalismo antiespañol: si existe la fe en España no es cosa clerical, que es del pueblo, sino lo contrario: las cofradías de la Semana Santa son a espaldas y con la enemistad de la clerecía, la religión es del pueblo, hacia arriba, no de una clerecía a la cual Don Camilo les parece un personaje de ficción.
Anulada así la definición precisa de la gente, quedan a merced de los caprichos de una oligarquía fiduciaria que sirve a la plutocracia, que no otra cosa es la política, y jalean los caprichos del amo y se enardecen de su condición esclava, hasta ese punto de inopia llegan y alardean de ello: zanguangos.
Acaba la canícula y nos han vendido como esclavos, acaba la canícula y el invierno será de rigor, acaba la canícula y el invierno será de alivio: sea pues cumplida la fiesta y el santo, y preparémonos que vienen tiempos recios.