sábado, 22 de septiembre de 2012

Un originario magma denso

Todo el vigor e impulso que se le ha dado a la ciencia desde el siglo XX ha generado un cientifismo que aleja totalmente del conocimiento, la sabiduría y la ciencia como herramienta de éstas.

El cientifismo es un movimiento de alarde social desde el marxismo, que nada tiene que ver con la ciencia, sino con el establecimiento de una verdad objetiva que sirva de punto de origen y referencial social como punto cero de la realidad, como base de entendimiento y génesis social.

No tiene nada que ver con la ciencia.

No pretende que aumente el conocimiento de la gente o su concepción de la realidad: el aumentar los conocimientos y el estudio aumenta la inteligencia, pero esto exige esfuerzo: realmente es contraproducente que aumente el nivel de inteligencia en las personas, lo que se busca es un esquema fácil de pensamiento de apariencia complicada que genera un imaginario fantástico de la realidad basado en el lengüaje de la ciencia, pero demasiado lejos de ésta para ser reconocible: de tal modo adoptan un lenguaje que no comprenden, pero con la certeza de infalibilidad y una carga demagógica falaz y mezquina que los sume en la soberbia, y en la ignorancia.

Todos hablarán del Big Bang, pocos sabrán tan siquiera de que va, no digamos supercuerdas, pero tal lengüaje lo adoran reverencialmente: con esta palabrería son fácilmente engañables.

Y por supuesto los dogmas lo son a pesar de: a pesar de Lemaître, que era un cura: la ciencia es anticatólica (¿porqué? porque sí) y la iglesia odia la ciencia por la misma razón: y de ahí no sacas el argumento; antes te matarán. La evolución corre el mismo camino.

Nunca nombres la fe de Darwin ni a Lemaître como cura.

Ni mucho menos digas que tanto el Big Bang como la evolución por sus creadores fueron enunciados como teorías, jamás como certezas y nadie las ha certificado.

Es el lenguaje el que conforma al hombre, si le modificamos el lengüaje será dominado.

Y al principio es el verbo.

5 comentarios:

Isa Garmendia dijo...

Amen y punto, pelota.

Rafael Benítez dijo...

Ni tampoco nombres la "profesión" de Mendel o De Chardin, etc. Ni el origen de la universidades... Para contar y no acabar.
Esa percepción del cientifismo yo también la llevo teniendo hace tiempo. Llegan al extremo más absurdo en muchas ocasiones. Lo que cuenta es la seguridad que les da frente a la incertidumbre de la búsqueda y la propia reflexión.
Un saludo.

Dhavar dijo...

No desde el marxismo. La cosa empieza con Paolo Sarpi et allii, que fichan al degenerado de Newton, Locke, etc., y montan ese numerito ridículo del telescopio y Galileo, todo para destruir a Kepler, y, por encima de todo, a Leibtniz.
El origen de la llamada "ciencia" en Europa fue una acción política 100%, que ganaron para siempre los Aristotélicos- el estagirita era el ídolo por su defensa cerrada de la esclavitud- venecianos-holandeses-sajones.
No es que yo diga que fue política.Es que los que lideraron el proceso explícitamente siempre lo consideraron de ese modo.
Lo gracioso del asunto es que lo Enciclopedistas, la Ilustración francesa, etc.- eran considerados también explícitamente como agentes de tercera de un proceso ya consolidado, y en Londres se reían de lo baratos que les estaban saliendo sus agentes franceses.

Isa Garmendia dijo...

Oïdo, cocina.

Rafael dijo...

Al principio era el Logos... y al final, también.