martes, 22 de mayo de 2012

“¡Viva la Inquisición y muera la policía!” (Blogging)

El que no es cristiano no puede desviarse de una fe que nunca fue la suya, y por tanto no puede ser hereje. 
Famosas eran las cárceles o casas de misericordia de penitencia de la Inquisición por su trato favorable comparadas con las civiles, hasta el punto de que había presos que fingían herejía para pasar a la jurisdicción de la Inquisición.

3 comentarios:

ZP Nunca Mais dijo...

Te lo copio.
Saludos

Rafael dijo...

Lo que pasa es que hay vigencias históricas que no son precisamente evangélicas.

Dhavar dijo...

Rafael:
Esas "vigencias" ocurrieron cuando un Imperio que ya era totalmente demoníaco - en el sentido estricto en que lo fueron la mayoría de las religiones antiguas con su división del Hombre en Amo/Esclavo =Dios/Animal-, cultos que hoy se ocultan bajo el llamado "liberalismo" - , tras haber alcanzado un frenesí de odio y crueldad SIN PRECEDENTES ni siquiera en el bestial mundo antiguo, juzgando con acierto que esos niños que se negaban a adorar al Emperador eran su enemigo absoluto, en una maniobra genial, incorporaron, corrompiéndolo casi desde su núcleo, aquella fuerza de vida y libertad en el odre viejo de una estructura imperial pagana.
Y digo "casi" porque aquella fuerza, aunque desfigurada, ha seguido y seguirá irradiando siempre desde su centro, a pesar de todas las cortezas, cerrojos y trampas - la mayoría en su nombre, es de Ley-, que se le pogan.
Y ése centro es el que hace decir a un hombre cuando ve a otro: Tu y yo somos una sola carne, en vez de:Yo soy un dios y tú una bestia nacida para que yo viva devorándote y haciéndote mi esclavo, que es el credo que se esconde en lo "financiero" y que hoy se ve con tanta trasparencia.
Esa libertad radical para vivir de la carne y la vida del prójimo es la "libertad económica" que es el dios absoluto de nuestro tiempo, ya sin oposición alguna.
Y, en su forma final, va a dejar en cosa de niños los más horrorosos Imperios antiguos. La prueba: El preludio, el trueno que fueron los mataderos de Hombres que alumbró el siglo XX, y que continúan hoy, bajo la forma más pura de matanza, la primordial, la más antigua y venenosa, porque como Epulón siempre se esconda en "yo no he hecho nada": La muerte por inanición, la sempiterna matanza de los inocentes, los "sinite parvulos" de un dios que, precisamente, nos enseñó que lo suyo era simplemente ser Pan de todos.