lunes, 13 de febrero de 2012

Que viva Esparta

sábado 28 de mayo de 2011 
Plazas calientes. 
Dilios informa al senado y se acaba con la traición y Jerjes se mete el orgullo gay por donde le cabe: Sabemos nombres y nada más, pero en las Thermópilas volvieron a salvar la civilización, nos volvieron a salvar; loor a los héroes de la cultura, de la tierra y de la evolución, que no de otra cosa hablamos: frente a la barbarie dictada y obedecida por el banco central alemán, los éforos dictaminan que hay que salvar la economía, volver a crecer y no se cuantas cosas más de números sin fondo y jardines sin sentido: a la orden de los bárbaros de más allá del Rhin, los éforos quieren entregar las águilas imperiales de Roma a cambio de un estipendio: estupendo, se nos llenó el sistema de éforos, que el soborno es grande como prometió Jerjes a Leónidas, pero hay gente que tiene claro que la vida es más importante que la propia vida: en Esparta la vida era rigurosa, si, claro, y rotunda, y por eso pudieron negarse al soborno implacable del dinero del banco central alemán que entonces como iba sin blanquear venía directo de los ríos de Babilonia a engrasar a Platón, y las ciudades de prosperidad admirada que se burlaban de Esparta: pero el rigor espartano no era una fachada como la demagógica de la socialdemocracia, que en Esparta no había prostíbulos: en el resto de Grecia Solón reguló su uso y disfrute: para eso lo legisló bien que era uno de los siete sabios: consta para la historia como el inventor de los burdeles; y aunque Plutarco intenta comprender el rigor de Esparta basándose en que su moneda era de una especial configuración, la realidad es que Esparta no se vendió al sistema financiero del banco central alemán pactado con los jacobinos: y esa honestidad y limpieza de conciencia hace que ni con una traición pudieran con trescientos soldados de la infantería española frente al todopoderoso ejército sarraceno que iba bajo el cobijo de haber comprado a toda la intelectualidad Griega; pero la infantería española es lo que es, y Leónidas aguantó y vencieron en la guerra y en el tiempo porque los nombres dan igual, como da igual la lluvia sobre el golfo de Lepanto cuando todo el mundo se puso a rezar el rosario: sabiéndose la que se nos venia encima, todo el pueblo español, de Cadaqués a Filipinas salieron a las calles y plazas a rezar el rosario mientras Cervantes se batía el cobre frente a las delicias turcas y España volvió a parar a los sarracenos a las puertas de Viena: y la reconquista vuelve a empezar, que el gobierno actual con su ministerio de la oposición han vendido sus deleznables servicios a los chinos y los moros que lapidan mujeres y asesinan maricones por el hecho de serlo, y eso no está en nuestra naturaleza que es la cultura, y que aunque lo disfracen de un europeísmo basado en Hitler y Napoleón, el pueblo español ha salido a las plazas a rezar el rosario: rápidamente el dinero de los sobornos a los éforos ha corrido comprando a los más conspicuos y vehementes aduladores del sistema, pero al pueblo se le engaña un rato: ya sabemos que por donde cantan las sirenas navega Ulises y Leónidas le zumba a la morería para que Europa sea lo que ahora es y muchas gracias a los héroes del tiempo, que Leónidas y Cervantes no dieron su vida en vano y ahora vuelve el dinero de los templos babilónicos a engrasar la maquinaria de los éforos españoles y el pueblo sale a las plazas: y ahora, con pobreza y humildad de nuevo, Leónidas dará su vida por España, la gente rezará el rosario y apoyarán y volverá el esplendor, que El Cid mira desde su caballo en la plaza mientras los éforos usan el dinero para confundir a la gente hambrienta que ha salido a las plazas a rezar el rosario porque los éforos venden su vida, su trabajo y la cultura que no tienen al banco centra alemán para justificar la alianza jacobina y hundir España, que desde Leónidas hasta hoy para bien y para mal hemos tenido nuestra historia y no hemos jugado a aspirar a tener dominio del mundo envidiando al vecino, porque nosotros somos los envidiados: Leónidas morirá y no será más que un nombre, pero morirá peleando y lo hará bien porque su conciencia está tranquila porque sabe que su mujer le quiere y que no es su muerte lo que importa sino la libertad.

1 comentario:

Rafael dijo...

Está muy bien. Pero también es cierto que el oro que un puñado de Leónidas ganaban en las Indias no se quedaba en Sevilla, sino que iba a parar a la Germania. Nada quedó aquí sino alguna que otra bancarrota y el orgullo de haber mantenido el timón de la Historia cuando desde todos los puntos cardinales del planeta embestían las más fieras tormentas.

Hoy no nos resta ni ese orgullo.