martes, 10 de enero de 2012

Engendrando la Bene Gesserit

La utilización metódica del lenguaje como medio de manipulación mental ha correspondido -y corresponde- al marxismo. En parte por una necesidad expresiva de la propia mentalidad dialéctica del hegelianismo marxista,que no se aviene con el lenguaje ordinario basado en el principio identitario del ser. El mismo sistema trasmuta los términos para su adecuada expresión, y el posterior empleo de ese lenguaje inunda de ambigüedades al lenguaje con un sentido proclive a su dialectización.

Pocas personas saben que Stalin se interesó vivamente por la lingüistica, y aún llegó a ser lingüista destacado.Y no por una afición marginal, sino por el propio genio de la revolución. Esta vía e influencia mental es tan real y profunda, que ha podido decirse que quien posea el arte de manejar las palabras poseerá la de manejar los espíritus. Su influencia será cada vez mayor a medida que las generaciones nazcan ya en el seno de un lenguaje manipulado y "dialectizado". Las mutaciones semánticas dirigidas han hecho posible que sin cambiar aparentemente de idioma sea hoy posible hablar de un lenguaje marxista. Quien por ejemplo dice o escribe "el proceso actual de concienciación determinará, tras una crisis de crecimiento, reformas estructurales de carácter irreversible y altamente positivo" emplea palabras con sentido y connotaciones distintos a las que tendrían aisladamente o en otro contexto, y está sometiendo su espíritu a una marxistización inconsciente. A menudo no se habla así o de parecida manera porque se sea marxista, sino que se llega a profesar el marxismo porque se habla así.

Rafael Gambra: El lenguaje y los mitos. Speiro, Madrid, 1983.

...Y aquí andamos algunos, como las brujas poderosas de Dune, manejando el lenguaje para no caer en las trampas.

Seguid hablando mal, escribiendo peor y no entendiendo vuestras propias vidas: escrito estaba.

 

 

15 sept 2011

1 comentario:

Dhavar dijo...

El principio identitario del ser...je,jee, jee.(A=A implica necesariamente una distinción-ergo negación- entre los dos "A", etc.)

No obstante, sí es cierto que, puesto que todo es palabra o signo, hablar y escribir bien lo es todo.
Ahora bien, la estructura de la palabra destruye por completo el supuesto principio de identidad del ser: A es B, un ser es otro ser.
Qúe tontorrona ha sido siempre la metafísica del Bien!
Pues, efectivamente, no hay dos sin tres - salvo que postulemos la nada en medio.No hay dia-lege, sino tria-lege.
En plan paráfrasis provocadora, se puede decir que "en verdad os digo que aquél que no coma del fruto del árbol del bien y el mal no será perdonado ni en este siglo ni en el venidero."
Y Hegel, por cierto, se movía en una tria-lege sin desmayo alguno.Cf., especialmente, "La Vanidad de la Cultura", de su Fenomenología.