sábado, 19 de marzo de 2011

Clásicos

Y allí estabas tú, !qué espanto!

Me han dicho que te has cagado
ayer noche en la taberna.
Y no lo quise creer,
dijera, quien lo dijera,
y vine corriendo a verte
corriendo con estas piernas,
para ver si era verdad
que del vientre andabas suelta.

Y dudaba, y desmentía
aquella tremenda idea
dicendo:!Nes pas posibl
que se haya cagado ella!
Porque te quiero, mi bien,
porque te quiero de veras,
no quise hacer caso, niña,
de lo que hablaron las lenguas.

Mientras en esto pensaba,
hice entrada en la vereda
que conduce a tu casita
cubierta de madreselvas.

Antes de entrar, me detuve
en el quicio de la puerta,
y sentí que el corazón
por dentro me daba vueltas,
y mis ojos se nublaron
al ver que estaban abiertas
las ventanas de tu alcoba
que dan mirada a la huerta.

Un presentimiento extraño
recorrió todas mis venas,
y un sudor frío inundó
mis carnes duras y tersas.
Apreté la dentición
de los dientes y las muelas,
y corriendo como un loco
ascendí por la escalera.

Y al entrar en el dintel
de la puerta de madera,
sentí un golpe en la nariz
tan penetrante, morena
que no pude reprimir
este grito de sorpresa;
- !......!
Y allí estabas tú, !qué espanto!
apoyada en la alacena
rebozada hasta el cogote
de espesa y nutrida mierda.

Confuso y desesperado
salime a la carretera,
a respirar aire puro
de los montes de la sierra.

Y ..!ay! entonces comprendí
que era verdad, y muy cierta,
que tú te habías cagado
ayer noche, en la taberna.

Luís Sánchez Polack, Tip.

1 comentario:

Gonzalo dijo...

Jajajaja.

Conforme iba leyendo me iba sonando al genial maestro Tip.