martes, 21 de diciembre de 2010

Reposición de la posición.

Post del 13 de agosto de 2008, capítulo de Una Realidad Fractal.

Primero cosas sin importancia, ninguneando, despreciando despectivizando y rebajando,  haciendo de lado, al aislamiento social: ante el cadáver del indigente

es evidente

que murió.

Declarará el juez, y nadie llora en los funerales de los vagabundos. Los peregrinos pasan.

Y poco a poco se va destruyendo: con algaradas y algarabías, como el follón que me montan en los juzgados, siempre el ofendido encuentra casualmente un puñal: siempre casualmente el que tiene un puñal,encuentra una ofensa.

Y al final se imponen; hasta que llega uno y salta, y aquí se monta una reconquista por menos de nada.

En Sevilla van cambiando el nombre de las cosas: la secuencia de desayuno, almuerzo, comida, merienda, cena ,se cambia por un otro lenguaje, una especie de mezcolanza de francés suecado  e inglés apache: llaman desayuno al almuerzo. Y toman tostadas: las tostadas, para mi fueron una sorpresa; es lo que habitualmente conocemos como bocadillos de jamón, sólo que de jabugo, con aceite a disposición, un aceite realmente novedoso para mi,harto de trabajar en la almazara, un aceite demasiado bueno: la gente pide una tostada y el bocadillo de jamón con el café, y funcionan.

Sea cual sea el bar, sea cual sea el sitio o el nivel económico de la zona hay dos elementos comunes a todos: un Cristo y una Virgen, y uno accesorio, pero casi totalmente común: un cartel de una hermandad.

La gente va, toma un café con una "tostada" y sigue la mañana (nadie me acuse de la sobredosis de Jabugo) la gente vive porfía, canta y se confía; la gente quiere ama ríe y aguanta el día: en Semana Santa se entregan a su cofradía.

La estructura del catolicismo no me permite comprender el fervor de la semana Santa Andaluza; el rigor de la reconquista sí: aquí los aguantaron más tiempo, y se amarran al catolicismo como liberación, agradecidos de haberse librados del pérfido sarraceno: ni en El Vaticano celebran la semana Santa y la Pasión como en Andalucía.

Nadie les va a prohibir la Semana Santa. Nadie les va a prohibir el Jabugo.

De momento lo del fervor religioso lo van disolviendo, llamándolo manifestaciones culturales, folklore, y dándole rango turístico, como si fueran un circo para entretener a la gente: cada vez la FE es más irrelevante y se da más pábulo al espectáculo.

van poco a poco disolviendo diluyendo difuminando las fronteras de la fe, que es de las personas en un constructo social que es mejor por el turismo, por el dinero....."por el bien común" frente a la fe, que es de rigor íntimo y rotundidad privada, de ética íntima, moral pública y discreta por su propia esencia.....esto lleva años sucediendo: lo han soportado, disimulando pero poco a poco lo van arrinconando.

Nadie prohibirá el Jabugo.

De momento ya se ha establecido por ley imbuida en la gente como un tatuaje lobotomizado en el cerebro que fumar es malo: se ha convertido en un pecado social; ahora, están anatemizando el alcohol, por los coches, por los accidentes....por el bien común.

Luego, se demostrará científicamente de manera irrefutable, que el aceite engorda, elimina potencia sexual, causa pies planos y favorece la aparición de mosquitos, toda esa argumentación en bombardeo cuando cogen una murga, y aparecerá un sustituto mucho mejor para todo, imagino que la mantequilla; y se va arreglando la salud de toda la humanidad, siempre por el bien común, siempre la gente se sentirá mejor y notará sus pies menos planos y todo, y entonces, algún exquisito gourmet o cocinero (a los que llaman restauradores, como si supieran arreglar cosas viejas) demostrará con rigor ineluctable que lo que realmente pega con la mantequilla es el jamón york, o la deconstrucción de algo que nunca se sabrá muy bien que coño es, pero que queda muy fino, y la presión social hará el resto: nadie quiere estar gordo, nadie quiere no tener salud, nadie quiere que se fume, por el bien común; y al fin y al cabo esta pasta incongruente que se pone con el pan que proviene de la sabia cocina de Tailandia, del budismo, de la tradición Hindú, de Chichicastenango o de la tradición sufí con influencias derviches es muy fina, nos da nivel y es multicultural, como si hubiéramos viajado, y la presentación ¡donde vas a parar! frente al asqueroso jamón con pan y aceite, ¡un plato octogonal con una tostada de mantequilla deconstruida con afijos derviches ricos en bifidus activo y con omega tres!

En ese momento las mujeres estarán insatisfechas, la gente de muy mala leche, la tristeza será lo común, pero eso si: todo muy sano y saludable: batallones de psicólogos los convencerán de que no son multiculturales y eso es malo y que deben abrazar las novedades por que es lo bueno y lo moderno, y que realmente el problema es porque el cura de su infancia era gordo, o flaco, y sus padres unos opresores temibles que un día te castigaron. Que lo normal es el divorcio y la promiscuidad, mejor adoptar niños: si vienen ya hechos ya sabes que no tienen defecto y hay modelos a elegir, y si no queda satisfecho, le devolvemos su dinero. Y que realmente si no lo hacen así es por que ellos son los malos, no hacen nada por el bien común.

Ya estará el camino hecho: se prohibirá el cerdo, que realmente tiene demasiado colesterol, y la dhimmitud habrá hecho su camino: F. González habrá justificado sus viajes a Irán y esos cerdos que proliferaron en Andalucía como talismán previsor de pérfidos sarracenos al no ser saludables, habrán sido exterminados por el bien común.

A lo mejor el método paranoico crítico no es válido pero evidentemente  los cerdos, la reconquista, el fervor de Andalucía, y el rechazo a la morisma están entroncados, es de rigor evidente.

Peor que un disparo es esa muerte lenta, tan femenina de anularte como persona, de agotar la posibilidad, de imponer el mal lentamente: Natalia Pastor lo define mejor que yo:

El sedicente feminista; no, femenino; piensa y actúa como mujer: nunca mataría de un tiro, sino por lento envenenamiento.

Y así es como van queriendo borrarnos hasta el nombre, por mucho que algunos blogueamos en el desierto con la secreta esperanza de ser leídos por alguien, sea ahora, sea después de la próxima reconquista.

3 comentarios:

Elena Lechuga dijo...

Querido Ignacio:

El jamón no; eso ni en broma. Además; te enmiendo la plana. Es injusto que digas que en todos los bares hay un cartel de una Hermandad. Hay algunos donde el cartel es de la úlimta feria o de toros. Por favor, un poco de seriedad periodística. Al pan pan y al vino vino. El aceite... de ricino, para los de vida sana. Es que el estreñimiento hace estragos.

Un abrazo

Ignacio dijo...

Yo no soy periodista.
Los del post de abajo, si.

Ignacio dijo...

Obvio que no conozco todos los bares de Sevilla; pero lo que yo he visto, lo he visto yo.

¿No es así?