miércoles, 28 de enero de 2009

Inauguración del temporal

La condición cultural y el aspecto sabio, la apariencia inteligible nos la da la cultura.

Se fundamenta en el plástico y complejo sistema nervioso del hombre: lo que le permite hacer ajustes en la conducta sin pasar por una modificación biológica de su organismo. Esto diferencia al hombre: solo él ha hecho la adecuación del sistema nervioso de tal manera que se adapta y crea, para poder generar la cultura; para poder generar un sistema simbólico de relación: el lenguaje.

La cultura, en términos de estudios de biología será pues será el punto más elevado de la evolución. Spencer y Kroeber lo llamaron el nivel supraorgánico: descansa en el mecanismo físico orgánico del hombre, y emerge de él, pero no está en la estructura orgánica del hombre. Los católicos lo llaman el alma.

La cultura existe antes de nuestro nacimiento y pervive después de nuestra muerte: somos portadores de cultura, pero es anónima, está por encima del individuo.

No somos más que nuestra cultura: no somos sino una parte de la cultura, sólo una pequeña traza de la humanidad, la raya de tiza del niño en la pared de Paradiso.

La evolución pues se ha producido en el aspecto físico del hombre respecto a sí mismo, pero falta un término acorde en la ecuación: el hombre no es producto del medio, se inserta en el medio y se relaciona con él, pero no es causa del medio. El hombre condiciona al medio ambiente en la misma medida en que es condicionado por él; el hombre no es una estructura cultural ajena al medio en que se desenvuelve, sino que el hombre en la medida en que actúa sobre el medio y se acondiciona a él es parte del medio y hace al medio parte suya: no es ajeno pues el hombre al medio, ni son estructuras que haya que definir o calificar separadamente.

Y claro, desde que en el neolítico el hombre empieza a acondicionar el medio, con la evolución filogenética de las especies, la escalda pasa a ser trigo, el perro y el caballo, el buey y los frutos, y todo por la acción antrópica y del tiempo empieza a ser alterado genéticamente y empieza a conformar el paisaje visual y el paisaje del hombre; cambia su dieta en la medida que cambia el paisaje, y cambia el paisaje y cambia su dieta y así hemos evolucionado; y así seguimos evolucionando; y así seguimos alterando genéticamente las especies y planteándonos dudas morales sobre lo ético[curioso: la ética sólo se plantea socialmente respecto a la modificación del paisaje, de las especies o de los vegetales; nunca respecto a la modificación del hombre]

El hombre, con su plástico complejo cultural y su medio ambiente modificado, hace evolucionar la cultura; el hombre toma la tierra y se hace simbiótico total con toda ella; aunque algunos no lo admitan, la tierra es el hombre.

Y la cultura hace al hombre.

La cultura es la reja del arado y es la tv; es éste ordenador y es el amor; es el apareamiento sexual y es la concepción de la vida y la muerte; es la soledad y la pareja: la cultura es el referente que nos da la medida de las cosas; que nos hace y nos condiciona al punto que la cultura es la que crea a Beethoven y Bach; inventa la música y el hombre pone los músicos, de la misma manera que la tierra inventa el agua y el hombre pone las huertas.

Porque el agua está, estuvo y estará, pero su uso y gestión adecuada en ese vasto complejo relacional que es la cultura corresponde al hombre: lo sabemos en Valencia, lo sé en Buñol. No es casualidad que el tribunal más antiguo del mundo esté en Valencia; no es banal que sea el Tribunal de las Aguas; no es trivial que sea producto del pueblo y de sus necesidades y anhelos.

Y no es baladí que sea Valencia la que ha hecho del uso y disfrute del agua una extensión tan sabia de la cultura que está tan presente en nuestra vida y nuestro concebir real que ni siquiera nos damos cuenta; y no es casualidad que el correcto uso y disfrute del agua tal y como el mundo copia, sea en España; de origen Español y nuestro. La palabrería y la mitología de andar por casa le quieren atribuir tal mérito a los moros; razonamiento falaz: si ellos hubieran sabido crear un artefacto cultural de tan elevado rango que supiera utilizar sabiamente el agua y la tierra ¿no habrían reproducido ése esquema al norte de áfrica, en Alejandría, o junto al Mar Rojo? El agua y los riegos son Españoles, la organización del espacio lo es, y su uso también: quien fuera el albañil no es relevante, el arquitecto fué nuestra cultura.

Si soy de Buñol y sabemos ahí jugar con el agua; en el resto de Valencia, también.

Y no sólo con el agua. En Buñol la gente, agrupada en la taberna y con adecuados niveles de vino formaron bandas de música. No haría mal el vino, son los músicos más valorados de la tierra; en toda Valencia hay un nivel musical impresionante; la categoría de ejecución es soberbia.

Buñol, Valencia, dominó el viento y sus bandas de música generan huracanes debidamente constreñidos al fagot, a la tuba, estructurados en nota y tocados con compás, acordes con el resto generando una belleza efímera y esencialmente de una gran sofisticación cultural.

Si, el levante Español dominó el agua y el viento. Y se que habéis seguido el razonamiento y ahora me hablareis de las fallas y la dominación del fuego, y la impresionante cultura del fuego y de la música, del homenaje a la tierra y su gente; tierra roturada seccionada y labrada; arrastrada y cultivada, mojada para el arroz, seca en mi pueblo; tierra que hace hombres que trabajaron la tierra: así que tendremos todos los elementos telúricos conjugados en un espacio concreto; en una evolución cronológica discreta y sincrónica, como una variación Goldberg; colocados sabiamente sobre la tierra, los hombres evolucionaron; España evolucionó, y yo voy y os lo cuento.

En este momento de distorsión y ruido, de desenfreno cultural y frenesí social, es penoso observar que se ha obviado toda esta gran conspiración del hombre, el medio, la historia y la cultura dando paso a una sociedad frívola y degradada; pero el tiempo y el hombre son parte de la cultura y evolucionarán, a pesar de ellos mismos: y en las universidades Valencianas se estudiará las fallas como arte, que no se hace: depositaron su fe en subproductos extranjeros de alta infalibilidad; en los conservatorios se agilizarán y modernizarán los estudios: de la maravilla técnica pasaremos a ver grandes creadores musicales y grandes obras para nuestro placer; dejaremos de insultar al medio que somos y empezaremos a manipularlo igual que nos manipula, y será algo bonito.

1 comentario:

Luis Amezaga dijo...

Plas, plas, plas.